Joder si lo dejé por todo lo alto.
Tenía ganas y miedo de volver a intentarlo. De convertir lo que era un final más o menos digno de fade-out en algo que diera un poco de pena, esos blogs/webs/canales cuyo último post es algo así como "vale, ya he descansado, y ahora he vuelto y pretendo seguir...". O que solo me saliera escribir tipo meta, sobre el escribir en sí o el blog. O escribir metáforas auto-entrampadas, o...
Pero echaba de menos el ancla de las palabras, la verdad. Hacer y deshacer, pintar sobre blanco. Ser yo
Y algo más de miedo, de que al final me hubiera equivocado. Que la ilusión no estuviera en las palabras, sino en mi vida, y que al reconectar con mi yo de antes del salto fuera de la cáscara me diera cuenta de que era una farsa. Mi castillo de argumentos y mi vida sin penas. Que la verdad apareciese y obligarme a afrontarla.
Qué puñetas. Mis palabras son mías, como el gato. Hola, yo, y hasta mañana o hasta dentro de un año.
lunes, 22 de octubre de 2018
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