Hay un colibrí en mi ventana, no sé de donde ha venido. Es un borrón de movimiento, aleteos y trinos. ¡Qué bonito!
Al tiempo me doy cuenta de que algo no marcha bien con mi amigo. A ratos se detiene, a ratos pía bajito, a ratos se posa, suspira y calla. Al tiempo me doy cuenta de las cicatrices y callos en las alas, el pecho y las patas. Heridas de gritos y jaulas, heridas mal curadas por no parar. Entonces siento la tentación de cuidarlo, cogerlo con las manos y pasarlo dentro para que cure. Pero pienso que aunque fuera - fuéramos - felices, ¿no estaría ofreciéndole otro tipo de jaula?
Así que con papel, palabras y mimbre le tejo unas nuevas alas. "Prueba con estas mientras curan las tuyas".
Una estación y las heridas se van. Salvo las del pecho, pero al menos cierran bien y ya no le roban el aliento ni la mirada. Se van las heridas y le pregunto "¿ahora te vas?". Se hacen un borrón las alas
martes, 4 de julio de 2017
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