Vuelvo, vivo.
Me trasladé de nuevo, unas cuadras más al oeste del Vallés. Dejé atrás finalmente mi primer hogar, traje las cenizas conmigo. Ahora vivo en un tercer piso sin ascensor, con una ventana a los árboles y al Tibidabo. 4 almas conformamos la casa y una ya ha dormido conmigo sin yo saberlo.
Jynx está en horas bajas. Últimamente hasta sonríe un poco, a veces. No quiero echarla, aquí estamos todos en el mismo barco, y se le perdona sus salidas de tono. Todavía guarda la aguja en el bolsillo, por si algún día nos hiciera falta. De momento un mes sin cruce de cables. Puedo.
Fui al norte, a las alemanias y las islas cosidas con puentes. Volví a bailar. Pasó de puntillas ya por las figuras y evito caderazos innecesarios. El profesor aún me pega a veces, "puedes hacerlo mejor" me dice. Así que seguiremos.
Y el por qué del abandono, que me dicen voces del ático, es... Indeterminado. Creo que, en épocas positivas, escribo con lo que me queda del día a día. Y últimamente había decidido gastarlo en personas. ¿Invertirlo? ¿Gastarlo? En ellas estamos. De todas formas, mal estaría perder el paso de la senda. Íbamos bien, sí, continuamos.
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