- Vamos, que la tuviste a tiro, ¿no?
- Sí, yo creo que sí.
- ¿Y por qué no hiciste nada?
- Porque tío, hubiera sido liarla mucho.
- Ya, imagino. Mejor estar tranquilos.
- Sí.
Esa conversación, mismos elementos, hace unos años, hubiera ido algo así:
- Vamos, que te la pudiste haber hecho.
- Sí tío, joder. Soy un calzonazos.
- Ya ves. Tú antes molabas.
Y esta vez no es una cuestión de lenguaje, sino de base. Hay prioridades. Un día vuelves de fiesta con un colega tuyo, de esos con los que acostumbrabas a quemar noches, y te das cuenta de que los criterios para valorar la noche han cambiado. Uno mira al largo plazo, piensa "realmente no valía la pena por una noche" y está contento. Ya no existe esa autoestima enclenque que alimentar a base de ligues ni la necesidad de demostrar lo feliz que uno está. No más muescas en la pistola, no más números, no más marcas personales.
"Hoy solo busco dormir a gusto".
martes, 14 de agosto de 2012
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