Ayer estuve con un grupo de chavalada, amigos de mi hermano pequeño. Típico día que no tienes nada que hacer por la noche, van a ver una peli y en fin, para el salón que te vas. Y, para que engañarnos, me hace gracia ver el comportamiento de esas nuevas generaciones, y acordarme un poco de cómo era yo con esos años (mayoría de edad aprox).
Una de las chicas me llamo la atención. De un modo científico, claro está, no vayáis a pensaros que me dedico al innoble arte de asaltar cunas. El caso es que reconocí en ella un patrón que me resultaba muy habitual. Respuestas ingeniosas, rápidas y no exentas de mala leche. Indiferencia aparente. Sin rehuír el contacto físico pero sin usarlo para ningún fin, simplemente como un hermano pequeño que lo mismo te abraza que intenta placarte. Sonrisa fácil y gestos de cariño cuando bajaba la guardia.
Era, en resumen, un esquema simplificado del comportamiento de las mujeres que más me llaman la atención y más quebraderos de cabeza me han traído siempre.
Era curioso, porque en ella se veía muy claro el núcleo interior de ser buena persona, necesitada de ¿cariño? pero renuente a reconocerlo. Al ser tan joven, imagino, todavía le faltaban práctica y capas de dureza, experiencia... La coraza era tan frágil que sabía que al primer golpe bien dirigido (consciente o inconscientemente) se abollaría. Al segundo, se rompería. Y entonces sería como tener entre las manos la esencia de esa persona, inmadura y delicada.
Y es que creo que existen dos caminos respecto al núcleo/capas.
Uno puede no tener miedo de mostrarse, y dedicar sus esfuerzos a fortalecerse por dentro. Sin miedo a que lleguen a ese interior donde somos quienes somos. Ya nos hemos examinado y conocemos mejor que nadie nuestros resortes. Estamos acostumbrados a jugar en nuestro campo y no es fácil ganarnos ahí. Requiere más valor y más esfuerzo, pero lo merece.
O uno puede dedicarse a construir capas de apariencias y fortalezas. Que requieren mucho menos esfuerzo y que son mucho más vistosas y atractivas desde fuera para la mayoría de personas. El problema es que si te has dedicado a eso, cuando caen (y caerán tarde o temprano) estás tan poco acostumbrado a manejarte con lo que te queda que es muy fácil ser arrollado, domado o conquistado. Esta persona a fin de cuentas sigue siendo una principiante emocional, y en ese momento, ante quien ha llegado hasta ahí (consciente o inconscientemente) ya poco sabe hacer.
No se puede conquistar a alguien de verdad sin llegar ahí abajo, y sin vencer todos esos floreos y fintas previamente. A más compleja la mujer, más difícil es. Así que era un divertimento extraño verlos en sus primeros estadios. Eso sí, espero que encuentre a alguien preparado cuando sea necesario. Demasiada fortaleza mal enfocada puede conducir a senderos nada agradables.
lunes, 27 de febrero de 2012
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