Acabo de pelearme con mi hermano pequeño. Yo he sangrado y él lleva un par de moraduras.
Nah, que nadie se alarme, mi segunda confesión no es que sea un violento pega hermanos canijos. Es que es su forma de darme la bienvenida. Encima el chavalín, a sus 16, acaba de empezar a dar clases de Taijutsu y está que se flipa, ha tardado 10 minutos en intentar hacerme una llave estrangulante. No lo hace mal, al final he necesitado darle un par de mordiscos para que me dejase tranquilo (mordiéndome mi pobre labio inferior en el proceso, pero es que estaba en juego mi honra).
Ay, que después de dos meses sin verle ahora resulta que casi es tan alto como yo. Y casi tiene la misma fuerza. El día que me pueda mi hermano pequeño tendré que reconocer que oficialmente me he hecho mayor. Cielos.
PD: acabo de darme cuenta de que he escrito "Taijitsu". Quería decir "Aikido". La edad, es la edad.
viernes, 12 de febrero de 2010
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