Hace unas semanas tuve la miserable experiencia de leer Crepúsculo. Un amigo me lo compró y me lo llevé para leerlo en un largo viaje de Seattle a Houston. Sabía que iba a ser una mierda, pero pensé en ello como ese tipo de mierda que da un placer culpable, en que sabes que es malo pero aun así lo disfrutas. Me las apañé para abrirme paso por unas 400 páginas hasta que me rendí y me dediqué a leer Revista Aérea. He estado viendo Crepúsculo por todas partes últimamente, especialmente con el estreno de Jóvenes Vampiros 2 Luna Nueva, así que pensé en analizar por qué las tías se vuelven locas por esto.

Para empezar, la autora crea un personaje principal que es una cáscara vacía. Su apariencia no se describe en detalle; así, cualquier mujer puede deslizarse en ella y fantasear fácilmente con ser esta persona. Leí 400 páginas de ese libro y apenas tengo idea del aspecto que tiene la protagonista; hasta donde yo sé era una enorme pieza de Lego. Aspecto aparte, su personalidad se describe como insegura, torpe y socialmente inadaptada, una combinación con la que cualquiera que haya tenido pubertad puede identificarse. Al crear esta “cáscara vacía”, el personaje se convierte no tanto en una persona como en un traje que cualquier chica puede ponerse y llevar. Puesto que he olvidado su nombre (creo que era Barbara o Brando o algo de eso), voy a referirme a ella en adelante como “Pants”.

El caso es que tras unos capítulos de escuchar a Pants quejarse del instituto, de ser penosa en volleyball y de ser el centro de atención, aparece el segundo personaje principal. Imagina todo lo que las mujeres desean en los hombres, exagéralo diez mil veces, y tienes a Edward Cullen. El nivel de detalle que la autora muestra al describir la apariencia de Edward es notable. En un momento dado mientras leía, empecé a contar el número de veces que la autora usó la expresión “el perfecto rostro de Edward”, y estaba bien entrados los dos dígitos. Se detallan hasta la náusea sus pectorales, su ropa, su pelo, el color de sus ojos, incluso su puñetero aliento (no es coña).

Edward escucha intensamente todo lo que Pants tiene que decir, incluso aunque esté dando el coñazo sobre cómo tuvo diarrea en Navidad o su método preferido para cortar un sandwich por la mitad. En lo que se refiere al lector, a Edward no le importa nada en absoluto en el mundo salvo Pants. Lo que la autora ha hecho es crear una figura masculina perfecta, una incólume estatua griega a la que la lectora puede adorar y por la que ser adorada a cambio.
¿Y los hombres a los que les gusta Crepúsculo?
Si eres hombre y te gusta Crepúsculo, eres gay. No lo digo en el sentido peyorativo, sino en plan “quieres frotar tus testículos contra los testículos de otro hombre mientras le arrancas puñados de pelo del pecho”.
¿Y la peli?
La peli es simplemente la misma mierda simplista, cagada sobre un rollo de película. Si te gusta el sabor del estiércol de caballo en tus bocatas de jamón, es probable que también te guste en la tarta de cumpleaños. El mismo principio se aplica a Crepúsculo.
Más allá de eso, es sólo una novela romántica con la basura ocasional de vampiro adolescente por aquí y por allí. No aporta nada nuevo a la ficción vampírica, salvo que muestra a los vampiros como una familia de retrasados mentales que dan saltitos por el bosque comiéndose cervatillos y conejitos. Hay un montón de besos tiernos y nerviosos entre Pants y Edward, y enormes descripciones de cualquier parte del cuerpo de Edward. Pants es un personaje estático que nunca progresa más allá de ser una fangirl de los vampiros obsesionada con Edward. Desconozco si su personaje va más allá, ya había dejado de leer y centrado mi atención en una silla masajeaculos en mi Revista Aérea.
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