En mi antiguo cuarto (echadle 15 años) tenía hileras de abolladuras en la pared, agrupadas. Una, dos, tres, cuatro marcas. Aproximadamente del tamaño de mis nudillos. Del tamaño exacto diría yo. Estaba dura la pared, pero la pintura podía deformarse de un buen golpe, calculado siempre para no romperte la mano.
Acumulas años y aprendes que la violencia es indeseable, políticamente incorrecta. Y que aunque quieras ir y partirle la cara a ese desgraciado o, ¿por qué no?, que te la partan a ti, eso no conduce a nada. Y ni siquiera está bien golpear una pared, puedes hacer llorar a alguien. Alguna vez he deseado hacerlo, y hacerme polvo los huesos, pero sería demasiado incómodo después.
Odio ser demasiado racional como para poder perder completamente el control y destrozar(me) todo.
Odio ser demasiado pasional como para poder retener completamente el control y protegerme del todo.
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The audacity of heartbreak
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ResponderEliminarLa verdad es que no tengo idea de lo que es ese sentimiento. Nunca golpeé una pared. No me surge la violencia. Bueno, no voy a decir que soy un ángel. Digamos que no me surge la violencia física. Lo mío es más verbal. Creo que con unas cuantas palabras puedo hacer mucho más daño que con un golpe, sobre todo porque no tengo nada de fuerza (tengo que pedir ayuda para abrir un frasco de mermelada) pero en cambio, una lengua bastante venenosa. Eso de que las palabras se las lleva el viento..... es un cuento.
ni muy muy ni tan tan.. quizàs yendo por el medio uno pueda sentirse mejor, peeero claro, todos somos diferentes, supongo que el descontrol muchas veces trae consigo el control, es necesario cada tanto.
ResponderEliminarme gusta como escribis. beso,
Vero
Mira,tenemos algo en comun....:)
ResponderEliminarNo golpeando paredes... pero si entiendo lo que decís, me pasa en ciertos pensamientos de mi vida...
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