
El refugio cálido y dulce de tus labios, mientras la brisa de tormenta, fría, ligera, se desliza entre ellos. Caen las primeras gotas y el viento trata de irrumpir en nuestro pequeño mundo, colándose debajo de tu chaqueta. Pero yo cumplo mis promesas y te abrazo fuerte fuerte, para que no tiembles. Para no irme.
En la estación, la gente apresura el paso. Yo me esfuerzo en congelar los segundos, mientras peleo para no olvidarme del maldito reloj. Gris en el cielo, y en los andenes, se difumina el mundo a tu alrededor. Solo distingo unos pocos colores: marrón, de tus ojos; los rizos negros y rojo, el rojo de mi refugio, que no quiero abandonar.
El tren se pone en marcha. Hace frío.
jijijijijijijiji
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